“Los
verdes somos un intento histórico de permanecer, al mismo tiempo, como
Movimiento, pero siendo también un Partido político: el partido que toma
partido por los que sufren por el sistema dominante, de las
generaciones futuras, de los animales y de las plantas.”
Petra K. Kelly
Fundadora de los Verdes Alemanes
Nos
encontramos en una nueva época en la que conceptos como trabajo,
trabajador, puesto de trabajo, han perdido evidentemente su carácter
habitual, y al nuevo proletario hay que buscarlo hoy en las
universidades y escuelas superiores. Una época en la que el sistema
financiero y bancario se ha convertido en un carrusel de miles de
millones donde no se aclaran ni los supuestos expertos.
Estamos en
una época en que las élites de la hegemonía autoritaria se cuidan más
del futuro de su dominación que del futuro de los ciudadanos.
En este
contexto no nos queda otra cosa, a todos nosotros, los ciudadanos de a
pie, más que atrevernos a luchar por una mayor DEMOCRACIA.
La urgencia
propia de esta época de transición y de holocausto ecológico, exige
correas de transmisión entre la sociedad y las Instituciones pues de lo
contrario los problemas decisivos seguirán resultando soslayados y
escamoteados en el juego táctico por el poder, hasta que sea demasiado
tarde.
El sistema
está en bancarrota y está surgiendo una nueva fuerza de rebeldía e
indignación dentro de la sociedad, parte de la cual está representada
por EQUO.
EQUO nace
porque no podemos confiar más tiempo en los partidos políticos
establecidos; en ninguno, y tampoco podemos confiar exclusivamente en la
vía extraparlamentaria de los movimientos sociales. Los intereses del
movimiento alternativo y ecologista deben ser representados también, a
la par de su articulación extraparlamentaria y social, en la arena
política, porque un movimiento sólo extraparlamentario no tiene tantas
posibilidades para imponer sus ideas como cuando tales exigencias se
presentan por vía parlamentaria e institucional.
Así pues,
junto a la autonomía del movimiento social indignado y ecologista, no
queda otra elección, a la vista de las relaciones de poder establecidas,
que entrar en relación con el sistema político tal y como está
establecido. Por eso EQUO.
Debemos
aceptar que al fin y al cabo cualquier movimiento social, como
despertador de conciencias, forma parte de la globalidad del sistema
parlamentario establecido, y también sabemos que el potencial de este
movimiento político alternativo que es EQUO sólo puede ser eficaz en el
conjunto de la sociedad cuando , no sólo dentro del parlamento, sino
también de un modo extraparlamentario, se dé un crecimiento de los
grupos y de las iniciativas ciudadanas, donde EQUO no tiene ninguna
función directiva, sino solo de compañía y complemento, siguiendo la
idea de que los partidos y los parlamentos no pueden ser más que
instrumentos para la transformación del estilo de vida de los grupos
humanos.
No les
creemos ya ni una sola palabra a los partidos instalados allá arriba.
Nuestras ilusiones se han evaporado. No volveremos a trazar ninguna
crucecita más para ellos. Ahora se trata de abandonar la ecocosmética
utilizada hasta aquí dentro de la política establecida y dirigir la
mirada hacia alternativas reales; de dar prioridad a la ecología
política.
Los
partidos tradicionales tienen todos en común una estructura jerárquica
que imposibilita la acción espontanea y existencial. Estos partidos
disponen de un aparato que es mantenido en marcha solo con el objetivo
de las elecciones y sus propuestas son vendidos por medio de anuncios
propios de detergentes, mientras que las decisiones políticamente
relevantes son tomadas en último término sólo en círculos dirigentes,
llámese ejecutivas, comités central, o dirección general.
Los altos
personajes de estos partidos, con sus honorarios y su estilo de vida,
junto con sus mujeres escaparate y mujeres coartada, hace tiempo que
perdieron la conexión con el ciudadano normal. No entran en los miedos y
preocupaciones de grandes capas de la población, sin embargo a la
aristocracia del dinero se le hace la política conveniente en cada
momento.
Muchos
políticos establecidos dicen que nosotros estamos fuera del sistema. No,
al contrario, estamos dentro del sistema y estamos dentro para
transformarlo. Los políticos profesionales son en realidad los que se
han apeado, al huir de sus profesiones normales, para hacer méritos en
unos partidos degradados. Pero queda comprobada una cosa: hay grandes
sectores de la población que no se hallan representados en las
Instituciones y parlamentos de este país. Ahora con EQUO se da el primer
paso para defender sus intereses. Democracia directa significa que
nosotros luchamos por conseguir los derechos y la influencia para y con
ellos , y juntos aprovechar su competencia, experiencia y opiniones en
la superación de las situaciones políticas, económicas y sociales.
Es hora de
que los ciudadanos por fin elijan lo que se considere mejor en razón de
sus contenidos, y no resignarse o dar por bueno el “mal menor”.
¿No se dan
cuenta los políticos de que abusan de nosotros en cuanto a la cantidad
de absurdo que podemos aguantar?. Como cuando hablan de “lastre de la
herencia recibida” como si cualquier ley que se aprueba no fuera
responsabilidad del Gobierno que la promulga.
Toda nueva
ley implica una transformación del sistema. Esto lo estamos comprobando
hoy más que nunca con los actuales recortes gubernamentales y las
reformas laborales y antisociales. No nos preocupemos, pues, si a EQUO
nos ponen el cartel de radicales por querer cambiar el sistema o si nos
la quieren colgar al cuello como una piedra de molino. No tengamos miedo
a esta expresión, ni a la palabra “calle”. Muchas cosas, a lo largo de
la historia de los parlamentos, han ido entrando en ellos desde la
calle, se han convertido en ley y han transformado el sistema. Es
evidente que no basta con elegir cada cuatro años el mal menor en las
elecciones y entre medias proclamar la voluntad ciudadana en
manifestaciones pacíficas que no son escuchadas o simplemente obviadas
por la dictadura ejercida sobre los medios de comunicación. EQUO debe
ser la correa de transmisión entre la calle y las Instituciones.
Un partido
político jamás debe convertirse en un fin en sí mismo, como lo han
llegado a ser los partidos actuales. Un partido es un vehículo para
articular convicciones o intereses que junto al propio rol de partido
debe ser tratado permanentemente de un modo autocrítico.
En el
pasado hemos visto con frecuencia cómo ideologías como el fascismo, el
comunismo o el neoliberalismo han llevado a la aniquilación y a la
agresión. Pues nosotros no tenemos ninguna ideología prefabricada que
ofrecer. No somos ni de las derechas ni de las izquierdas
productivistas.
La
centenaria y obvia fe en las políticas de crecimiento y consumo continuo
por parte del hombre ha sobrepasado el absurdo cuando sabemos que los
recursos del planeta son finitos; ahora de lo que se trata es de una
supervivencia digna y de calidad del ser humano, que exige no sólo un
equilibrio de esfuerzos entre ricos y pobres, entre Norte y Sur, antes
inimaginable, sino también una transformación radical y previa en casi
todos los ámbitos de nuestra política. Todos nosotros sabemos que el
actual estilo de vida derrochador no tiene futuro; que los niños que
traemos al mundo se van a encontrar en una sociedad más complicada en la
que se han tomado medidas políticas enormemente antisociales. Sabemos
que si seguimos obrando como hasta ahora, morirán bosques, mares y ríos,
el suelo perderá su fecundidad natural y el aire de las ciudades será
asfixiante.
Por ello en
lugar de aumentar los contingentes de mercancías en el marco de la
ampliación de la producción y de capital, debe producirse el aumento de
la calidad de vida, en armonía con la necesidad de la renovación cíclica
y la conservación de la Naturaleza.
Partiendo
de la economía actual como posición de salida obligada, la tecnología
debe ser una técnica a la medida del hombre, que conduzca a un
equilibrio entre él y su entorno natural. Debe estar rodeada de ideas
humanistas sobre el mundo y de perspectivas ecológicas.
Se nos
reprocha con frecuencia que la idea de una sociedad de democracia de
base, no violenta, y ecológica carece de realidad y solo puede tener una
eficacia utópica. Pero hubo un tiempo en el que la abolición de la
esclavitud y de la servidumbre, la igualdad ante la ley o el derecho de
voto de las mujeres, eran lo mismo de utópicas y sin embargo se
convirtieron en realidad política.
Desde EQUO
exigimos desde ya una descentralización y democratización de la
economía, la política, y la sociedad; así como la inversión del proceso
de acumulación y centralización capitalistas, que hace más ricos a los
ricos y más pobres a los pobres.
JAVIER CARRILLO
Coordinador EQUO VALDEMORO

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