


Habiendo recogido el guante casi retador de mi amigo Miguel, de EQUO, y tratando de cumplir escrupulosamente con las recomendaciones, o más bien sugerencias, que como conclusión a mi último artículo yo mismo reseñaba ("Onanismo Mental"), sosegadamente, he recapitulado y estudiado, con el merecido detenimiento y detallada contrastación, las diferencias ideológicas entre las distintas opciones políticas que los partidos hoy ofrecen a la ciudadanía interesada.
He de confesar que mi formación filosófico-política está, básicamente, fundamentada en los viejos pensadores griegos (Sócrates, Aristóteles, Platón, etc), en Thomas Moro, en Marx (ayudándome, para su mejor comprensión, de Marta Harnecker), en Engels y Bakunin, en Antonio Gramsci, continuando con Kant, Schopenhauer, Pitigrilli, etc. Es decir, supongo que el correspondiente más habitual camino de instrucción política.