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martes, 24 de septiembre de 2013

UNIDAD DE DIFERENTES IGUALES

Me gusta la mezcla de sabores, los platos agridulces, donde lo diferente se combina armoniosamente y produce un resultado que es a veces una verdadera obra de arte. Los colores, los sabores, los aromas: todo lo que es un regalo para los sentidos. Lo mismo ocurre con las ideas, con los conceptos. Igual y diferente pueden parecer opuestos, lo mismo que diferentes y unidad, pero pienso que es justamente en la armonía de estos opuestos donde se encuentra el equilibrio y la belleza. Equo es un partido político que lleva en su ADN la ecología y la equidad. Por eso considero lógico que sea un partido que se declare a favor del federalismo y también del laicismo. Aunque ambos conceptos parezcan que no se relacionan uno con el otro, en el fondo pienso que tienen mucho en común. Una unidad que no respete las diferencias no es unidad, es abuso, prepotencia, imposición de unos sobre otros. La unidad debe ser equitativa: los elementos diferentes deben ser considerados de modo igualitario. Por eso considero importante el orden de los adjetivos: “iguales” es lo esencial, iguales en derechos, en dignidad. Diferentes es un adjetivo. Pienso que el federalismo no supone romper nada, al contrario, supone unir, promover una concordia y cooperación entre pueblos diferentes iguales, y superar antagonismos, recelos y chulerías. Lo mismo ocurre con el laicismo. El laicismo se equipara equivocadamente con persecución religiosa. No es así, no debe ser así bajo ningún concepto; no es equiparable a lo que ha ocurrido y ocurre en la actualidad en regimenes totalitarios (por ejemplo, en la actual situación del pueblo tibetano). El laicismo respeta las diferencias de opciones vitales, como puede ser el ateismo, el agnosticismo o la espiritualidad en cualquiera de sus expresiones en las distintas religiones. Aboga por la convivencia pacífica, por la unidad de diferentes iguales. Las distintas religiones no deberían oponerse al laicismo tal como lo explico arriba, sino promoverlo, lo mismo que se promueve el ecumenismo o el diálogo interreligioso: de este modo la religión no dividiría a los seres humanos sino que sería un elemento más de concordia y riqueza

miércoles, 28 de agosto de 2013

UNA PROPUESTA EQUITATIVA: FEMENINO INCLUSIVO

En la lengua castellana el masculino plural se considera que incluye al femenino. Por ejemplo, “todos” incluye al masculino y al femenino: así se ha entendido siempre. Hoy hay un movimiento que muestra incomodidad por esta supremacía del masculino, entendiendo que es una expresión más de la supremacía del hombre sobre la mujer. Y comienza un ensayo de cambio: @, +, x….se combinan en los masculinos plurales en lengua escrita. En lengua oral se empieza a utilizar el femenino plural. Reflexionando sobre este hecho, concluyo que no se trata de algo anecdótico y que las formas tienen más importancia de la que se podría suponer en un principio. Por eso pienso que es un asunto que hay que abordar en profundidad. El empleo del femenino plural, en legua escrita y hablada, “todas”, por ejemplo, debe ser una expresión no de revanchismo y de intento de tomar la supremacía sobre el hombre sino de inclusión femenina. La mujer hace sentir su presencia en la realidad al mismo nivel que el hombre. Así, cuando una mujer habla o escribe, debería emplear el femenino inclusivo, una nueva categoría gramatical que respetando la estructura y la armonía de la lengua castellana, sin desmesuras ridículas, introduce una nueva visión de la realidad. Pero al mismo tiempo, cuando un hombre habla o escribe, debería por la misma razón seguir empleando el masculino plural inclusivo, realmente inclusivo. Femenino inclusivo, masculino inclusivo, conviviendo en plano de igualdad. No se trata de revertir el plano de supremacía de un género sobre otro sino de conseguir un plano equitativo. Las mujeres hemos estado, y muchas siguen estando en la actualidad, en situación de inferioridad. Pero los seres humanos hemos nacido libres e iguales. Es esta libertad y esta igualdad por la que hay que luchar. Nunca por revertir el orden para establecer otros desequilibrios. Y esto, en lo grande y en lo pequeño, en el fondo y en la forma, desde el principio. El cambio gramatical del castellano podría ser un buen ejemplo. La magia trasformadora de las palabras, de la gramática, ese podría ser el reto.