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lunes, 10 de junio de 2013

LAICISMO

Construir una alternativa política no es tarea fácil. Hay muchas claves para ello, es preciso desmontar y desaprender muchos paradigmas que se han demostrado fracasados, aunque probablemente no en su totalidad sino en parte. Se trata de discernir con espíritu abierto y lo más objetivamente posible.
Entre las claves para la construcción de esta alternativa se encuentra el laicismo, y no se trata de un tema secundario.
Me gusta repasar la historia, no sólo la de los libros sino también las historias de la gente, la de mi vecina de un pequeño pueblo castellano que recuerda como a su padre la guardia civil le impedía trabajar en el campo el domingo y le obligaban a ir a misa; y la de mi otra vecina que no puede olvidar a su tío cura a quien fusilaron junto a la tapia del cementerio. Por eso considero tan importante el abordar el tema del laicismo como un factor de cohesión social y de superación de enfrentamientos seculares.
Para ello considero fundamental varios aspectos:
1º Dejar muy claro que el laicismo no supone en absoluto ningún tipo de persecución religiosa, que cualquier propuesta de laicismo va de la mano con el derecho fundamental de libertad religiosa.
2º En el siglo XXI, el siglo de las comunicaciones globales, el laicismo puede suponer un principio respetuoso con todas las creencias y promover la cohesión social. Sería de desear que este principio se aplicase de modo universal, como de modo universal se proclaman los derechos del hombre.
3º En nuestro país, donde el catolicismo ha sido en la práctica la religión oficial, nos encontramos hoy en día con creyentes de diversas religiones y con una buena parte de la población no creyente. El Estado debe actuar con el principio de equidad y no privilegiar a ningún grupo, respetando al mismo tiempo la libertad de opción de todos los ciudadanos. Por otra parte, la pérdida de privilegios dentro del marco de igualdad y libertad, es algo que ningún creyente debe temer, al contrario, debe alegrarse de ello por conseguir emanciparse de los poderes políticos.
4º No hay auténtica convivencia sin conocimiento objetivo de la realidad y la historia. Los tópicos, la ignorancia y el maniqueísmo son un grave obstáculo para la cohesión y la convivencia pacífica. Impresiona y repugna las guerras y las persecuciones religiosas, de unos y de otros, las iglesias quemadas, los Budas dinamitados en Afganistán, el destierro del Dalai Lama o la actual situación en el Tibet, por dar algunos ejemplos.
La religión es una opción personal que debe ser respetada, tanto la de los creyentes como la de los no creyentes. Es importante el conocimiento del hecho religioso, la historia de las religiones, con sus manifestaciones artísticas y culturales, con sus luces y sus sombras. El desconocimiento es una de los mayores escollos para la convivencia.
5º La defensa del laicismo es importante, y es importante también hacerlo sin herir la sensibilidad de los creyentes; no hay que olvidar que las creencias constituyen algo con lo que las personas se identifican.
En mi opinión, los partidos políticos deben defender el laicismo. Y la Educación debe ser laica, según lo expuesto arriba. Pienso que la actual propuesta de Ley de Educación no acierta al incluir la Religión Católica como materia optativa a lo largo de toda la enseñanza no universitaria. Pienso que hay otras formulas, de las que hablaré en otras entrada.


imagen.grupo6btijola.blogspot.com 


miércoles, 29 de mayo de 2013

RELIGION EVALUABLE

En la nueva Ley de Educación la Religión será una asignatura evaluable como todas las demás. Se ha hablado mucho sobre ello, pero por más que lo pienso más me parece incomprensible y no puedo menos que hacer algunos comentarios.
Creo que el Estado debe ser laico y no conceder ningún tipo de privilegios a ninguna confesión religiosa, por un mínimo de equidad ente las diferentes opciones vitales de los ciudadanos. Esto no es una amenaza para ningún creyente, pués toda ley debe fundamentarse en los derechos universales del hombre, entre los que figura la libertad religiosa.
Pero por lo que más incomprensible me resulta esta decisión ( y la larga lucha de las autoridades católicas por conseguir esta equiparación de la Religión con otras asignaturas) es precisamente porque confieso que creo en Jesús, y por más que lo intento no consigo imaginármelo poniendo nota a sus discípulos. Pienso que el mensaje del Evangelio y su trasmisión no tiene nada que ver con una materia académica: se trata de una experiencia, de una opición vital que se trasmite con la vida, también con el pensamiento y la palabra en el ámbito familiar y el de la comunidad religiosa, pero de ningún modo desde una posición social privilegiada y ni mucho menos con el mercadeo de una nota en un boletín.
Los no creyentes tienen todo el derecho a protestar por esta ley, los apoyo, y al mismo tiempo expreso mi perplejidad como creyente.
En un mundo indefectiblemente plural, el respeto a las diferencia y la equidad en el trato a todos los ciudadanos es la base de una convivencia pacífica. Los Estados deben ser laicos, así como sus leyes; y la Educación con más motivos si cabe.

imagen:academiasantacruz.com

lunes, 26 de noviembre de 2012

CARTA ABIERTA AL CARDENAL ROUCO VARELA

Oigo con tristeza sus últimas declaraciones en contra de la decisión de la justicia de nuestro país de reconocer el matrimonio de homosexuales. Ante su oposición a este reconocimiento, quisiera exponerle mis razones en contra de su postura.
En primer lugar, señalarle que la homosexualidad es una realidad más, aunque minoritaria, dentro de la diversidad que supone la existencia de los seres humanos, por más que durante siglos haya sido estigmatizada, perseguida, ocultada. La evolución de la civilización ha dado paso a una sociedad más abierta y respetuosa con la dignidad de los seres humanos, aunque por desgracia esta meta dista mucho de estar consolidada y extendida. Las personas homosexuales han podido salir de la clandestinidad y expresarse libremente, sin embargo la homofobia sigue siendo una lacra en nuestro mundo actual. ¿Sabe usted que existen niños y jóvenes que aún son victimas de acoso por ser como son? ¿sabe de su sufrimiento que los lleva incluso a desear quitarse la vida, que les roba la alegría de la infancia y la juventud?
En segundo lugar, no tiene sentido afirmar que el matrimonio civil de homosexuales atenta contra el derecho de los heterosexuales. Ni piden un matrimonio religioso, aunque no puedo concebir que los que se aman no sean bendecidos por el que es Bondad y Belleza. En cuanto a los hijos, lo que sustenta a los niños (y a los adultos) es sentirse amado, respetado, valorado. Por un padre, por una madre, por un padre y una madre, por dos padres, por dos madres, o por cualquier ser humano que asuma la responsabilidad de su existencia: pienso que no hace falta entrar en más detalles.
Escucho también con sobresalto su intención de iniciar la beatificación de 500 católicos muertos durante nuestra triste guerra civil. Víctimas inocentes, Señor Cardenal, las ha habido en los dos bandos. Y personas compasivas, que se vieron envueltas en una guerra que no querían, en uno u otro bando, y que apostaron por la vida. Y verdugos crueles, que permitieron que el lobo dormido en nuestro interior despertara para martirizar y matar: los hubo, en ambos bandos.
La Iglesia Española se ha alineado, desde la triste “Cruzada”, con el poder, que la ha mimado y privilegiado, lo que ha provocado el escándalo y alejamiento de tantos; y se ha sobresaltado cuando algunos gobiernos han querido privarla de su posición privilegiada. Señor Cardenal, gozar de privilegios no es una suerte, es un secuestro. Nuestra Iglesia está secuestrada, sólo camina libre entre cristianos que están al lado de los que luchan por un mundo más fraternal y compasivo y en los que sí se puede reconocer el mensaje de Jesús. Son sus palabras las que le invito a leer, con corazón humilde, fraternal y compasivo.