Empieza un nuevo año, y desde EQUO Alcorcón animamos a comenzar el cambio que queremos ver en nuestro entorno con pequeños gestos a nuestro alcance. ¿Empezamos ya?
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martes, 3 de enero de 2017
jueves, 3 de diciembre de 2015
¿Y tú? ¡Promueve el cambio, comparte tu acción y haz que se oiga tu voz!.
Desde EQUO se nos ofrece la posibilidad de ser actores del cambio. Para ello es preciso información, difusión y acción. En el enlace que nos proporciona EQUO tenemos las herramientas para ser actores y actrices del cambio. Las Cumbres no bastan, es hora de actuar. Cada acción cuenta.

https://stopclimatechange.net/cop21/es/promueve-el-cambio.html

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martes, 10 de julio de 2012
¿AGENTES DEL CAMBIO O MEROS ESPECTADORES?
SOBRE EDUCA-ACCIÓN, VALORES BLANDOS Y VALORES FUERTES Pablo Llobera Serra Abril 2011
"El asunto de la transformación social y ambiental depende poco del optimismo o del pesimismo, que muchas veces son meras posturas estéticas; unas veces nos puede convenir parecer optimistas y otras pesimistas. La cuestión esencial no se refiere a las creencias o impresiones sobre lo que ha de venir. La cuestión esencial y relevante es si impulsamos o no transformaciones en las estructuras y valores de la sociedad en la que vivimos. La cuestión de fondo es si somos agentes del cambio o meros espectadores. Acaso ambas posturas, pesimismo y optimismo, responden perfectamente al rol de espectadores en el que tan bien insertos estamos (sociedad del espectáculo y el entretenimiento) y estimula en cambio muy poco al de actores y protagonistas que tanto poder, personal y social, nos otorgaría (empoderamiento).
Porque cuando nos sentimos realmente agentes de cambio, cuando conseguimos comprometernos seria y tenazmente con una tarea o empresa social, cuando eso se logra, aunque sea humildemente, sobreviene una fuerza especial, un don, algo así como la fe para el creyente. Toda empresa titánica, y la Educa-Acción lo es (y mucho), se impulsa por grupos de personas con capacidad de trabajo intenso y apasionado, desde la propuesta audaz y arriesgada, desde la rebeldía cívica o incluso desde la desobediencia consciente, desde el entusiasmo y, ¿por qué no?, desde la fe (valores todos ellos "fuertes"). El optimismo o las buenas intenciones son "valores blandos" (muy en boga hoy en día), pues esencialmente dejan en manos de otros la transformación; vamos, que ser optimista o pesimista "sale gratis" ("gratis total", como se dice ahora). Ambas posturas se insertan perfectamente en lo que Lipovetsky llamó el "pensamiento débil" y, parafraseándole, podrían denominarse "valores débiles" (en el sentido de poco consistentes y, desde luego, poco o nada transformadores).
Los "valores fuertes" se apropian de las técnicas y, sobre todo, se cargan del entusiasmo imprescindible para hacer posible esta transformación. No en vano entusiasmo procede del griego "en-theos-mos": con un dios dentro. ¿Cómo no va a sentirse fuerte y capaz quien siente que le habita dentro, dejémoslo en un semi-dios? Cuando conseguimos entusiasmarnos con otras personas en iniciativas educativas humildes pero transformadoras (sean itinerarios en bici al cole, Hogares Verdes, huertos educativos o programas de compostaje) nos empoderamos, nos hacemos fuertes. Claro que esto nunca "sale gratis": siempre requiere sobreesfuerzos (derivados de ir "abriendo brecha"), capacidad de entrega y generosidad, pasión, ímpetu, esfuerzo, constancia... Vida. Otra variable interesante a tener en cuenta: estos "valores fuertes" beben siempre de las energías del grupo y a él vuelven (y a la sociedad). Podríamos concluir que los "valores blandos" son reflejo de la sociedad individualista en la que vivimos y los "valores fuertes", que se forjan en colectividad, son su antídoto. Eduardo Galeano viene a plantear lo mismo pero, ¡claro!, de forma mucho más lírica:
"Son cosas chiquitas"
No acaban con la pobreza
no nos sacan del subdesarrollo,
no socializan los medios de producción
y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá.
Pero quizá desencadenen la alegría de hacer,
y la traduzcan en actos.
Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad
y cambiarla aunque sea un poquito,
es la única manera de probar
que la realidad es transformable."
"El asunto de la transformación social y ambiental depende poco del optimismo o del pesimismo, que muchas veces son meras posturas estéticas; unas veces nos puede convenir parecer optimistas y otras pesimistas. La cuestión esencial no se refiere a las creencias o impresiones sobre lo que ha de venir. La cuestión esencial y relevante es si impulsamos o no transformaciones en las estructuras y valores de la sociedad en la que vivimos. La cuestión de fondo es si somos agentes del cambio o meros espectadores. Acaso ambas posturas, pesimismo y optimismo, responden perfectamente al rol de espectadores en el que tan bien insertos estamos (sociedad del espectáculo y el entretenimiento) y estimula en cambio muy poco al de actores y protagonistas que tanto poder, personal y social, nos otorgaría (empoderamiento).
Porque cuando nos sentimos realmente agentes de cambio, cuando conseguimos comprometernos seria y tenazmente con una tarea o empresa social, cuando eso se logra, aunque sea humildemente, sobreviene una fuerza especial, un don, algo así como la fe para el creyente. Toda empresa titánica, y la Educa-Acción lo es (y mucho), se impulsa por grupos de personas con capacidad de trabajo intenso y apasionado, desde la propuesta audaz y arriesgada, desde la rebeldía cívica o incluso desde la desobediencia consciente, desde el entusiasmo y, ¿por qué no?, desde la fe (valores todos ellos "fuertes"). El optimismo o las buenas intenciones son "valores blandos" (muy en boga hoy en día), pues esencialmente dejan en manos de otros la transformación; vamos, que ser optimista o pesimista "sale gratis" ("gratis total", como se dice ahora). Ambas posturas se insertan perfectamente en lo que Lipovetsky llamó el "pensamiento débil" y, parafraseándole, podrían denominarse "valores débiles" (en el sentido de poco consistentes y, desde luego, poco o nada transformadores).
Los "valores fuertes" se apropian de las técnicas y, sobre todo, se cargan del entusiasmo imprescindible para hacer posible esta transformación. No en vano entusiasmo procede del griego "en-theos-mos": con un dios dentro. ¿Cómo no va a sentirse fuerte y capaz quien siente que le habita dentro, dejémoslo en un semi-dios? Cuando conseguimos entusiasmarnos con otras personas en iniciativas educativas humildes pero transformadoras (sean itinerarios en bici al cole, Hogares Verdes, huertos educativos o programas de compostaje) nos empoderamos, nos hacemos fuertes. Claro que esto nunca "sale gratis": siempre requiere sobreesfuerzos (derivados de ir "abriendo brecha"), capacidad de entrega y generosidad, pasión, ímpetu, esfuerzo, constancia... Vida. Otra variable interesante a tener en cuenta: estos "valores fuertes" beben siempre de las energías del grupo y a él vuelven (y a la sociedad). Podríamos concluir que los "valores blandos" son reflejo de la sociedad individualista en la que vivimos y los "valores fuertes", que se forjan en colectividad, son su antídoto. Eduardo Galeano viene a plantear lo mismo pero, ¡claro!, de forma mucho más lírica:
"Son cosas chiquitas"
No acaban con la pobreza
no nos sacan del subdesarrollo,
no socializan los medios de producción
y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá.
Pero quizá desencadenen la alegría de hacer,
y la traduzcan en actos.
Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad
y cambiarla aunque sea un poquito,
es la única manera de probar
que la realidad es transformable."
imagen:redhuertosurbanosmadrid.wordpress.com
viernes, 2 de marzo de 2012
NO HAY NADA QUE PARALICE MÁS QUE EL MIEDO
El miedo paraliza, impide cualquier cambio. Paraliza a la víctima y hace que sea incapaz de defenderse. Y paraliza al verdugo, que teme perder su posición de dueño y señor. Pero la vida es cambio, movimiento.
En la relación hombre-mujer, el miedo es un factor que pervierte la relación a todos los niveles. Hay que romper esta cadena, hay que enseñar a la mujer a creer en ella misma, a sentirse orgullosa de serlo, a luchar por conquistar el puesto de igualdad que le corresponde como tal. Pero opino que no es menos importante acabar con los prejuicios del hombre, y acabar con su miedo.
La lucha por la igualdad debería tener como objetivo el acabar con todo tipo de sometimiento y dominación. Ninguna persona tiene derecho a someter y dominar a otra, ninguna persona debe aceptar ser sometida como un objeto. Y en esa lucha debe ser evidente, en contenido y formas, que no se trata de invertir el orden del sometimiento sino de acabar con él y establecer una relación de igualdad, de compartir y reinventar las relaciones humanas a un nivel horizontal.
En la relación hombre-mujer, el miedo es un factor que pervierte la relación a todos los niveles. Hay que romper esta cadena, hay que enseñar a la mujer a creer en ella misma, a sentirse orgullosa de serlo, a luchar por conquistar el puesto de igualdad que le corresponde como tal. Pero opino que no es menos importante acabar con los prejuicios del hombre, y acabar con su miedo.
La lucha por la igualdad debería tener como objetivo el acabar con todo tipo de sometimiento y dominación. Ninguna persona tiene derecho a someter y dominar a otra, ninguna persona debe aceptar ser sometida como un objeto. Y en esa lucha debe ser evidente, en contenido y formas, que no se trata de invertir el orden del sometimiento sino de acabar con él y establecer una relación de igualdad, de compartir y reinventar las relaciones humanas a un nivel horizontal.
La mujer no pretende desempeñar el rol perverso del hombre dominante: el del que humilla, aplasta, anula. El que grita, insulta, golpea y mata. Jamás. Por ser persona, y por ser mujer. El hombre debe regenerar su naturaleza humana pervertida por el uso y abuso de poder, debe comprender que contemplar y tratar a la mujer al mismo nivel le enriquecerá, le completará.
La vida se mueve, cambia. Tiene que llegar el momento de soñar e inventar. Inventemos juntos el futuro. Sólo puede haber un futuro digno de ser vivido, el nuestro, el de hombres y mujeres, cara a cara. En el mismo plano, el de la dignidad humana.
La vida se mueve, cambia. Tiene que llegar el momento de soñar e inventar. Inventemos juntos el futuro. Sólo puede haber un futuro digno de ser vivido, el nuestro, el de hombres y mujeres, cara a cara. En el mismo plano, el de la dignidad humana.
Es el momento de la cordura, de evitar el miedo, de establecer que no se pretende volver a la casilla de partida, la de la desigualdad y el sometimiento de signo contrario
Sólo el día en que ninguna persona sea discriminada por su sexo en ningún lugar de la tierra, sólo ese día los seres humanos podrán cesar en su lucha y levantar la cabeza sin vergüenza, todos, hombres y mujeres. Hasta ese día, la Humanidad andará mutilada.
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