jueves, 2 de febrero de 2012

PRIMERA PLANA

      Siempre me he preguntado por qué una noticia deja de ocupar las primeras planas. ¿Será que el problema se habrá solucionado? No, casi nunca es así, únicamente que hay otra noticia “más interesante” o más útil para desviar  la atención de la gente. Hay casos en los que el contraste provoca náuseas. Cien mil muertes evitables, el 50% niños menores de 5 años, en una zona devastada por las guerras y la degeneración de la naturaleza, frente a una veintena de muertos (y conste que reconozco que la vida  de cada individuo tiene un valor único) en un crucero de lujo, el Costa Concordia, mientras el capitán brindaba con champán. Y a la compasión por “esos pobres niños esqueléticos” la sustituye la curiosidad por encontrar a la famosa rubia con la que se supone cenaba el capitán.
      He visto los ojos entornados de niños moribundos, y un pequeño que se volvía hacia la cámara aún con un soplo de vida. Creí percibir en sus ojos enfado, rabia, rebeldía. O quizás era mi propia rabia la que me hacía leer esa expresión en su mirada. Porque he visto ya en el transcurso de mi vida demasiadas hambrunas, casi siempre en África, retransmitidas en directo, y he participado en demasiadas campañas de ayuda a favor de multitudes extenuadas.
      Las organizaciones no gubernamentales acusan de lentitud al dispositivo para frenar la catástrofe. Demasiado tarde la llegada de víveres y agua para evitar todas esas muertes. La ayuda llega insuficiente y con meses de retrasos. No, meses no: décadas, y hasta siglos de retraso. Y así una hambruna sigue a otra, con alguna breve pausa u olvido. Porque se reparten víveres en los campos de refugiados, o agua con camiones cisternas, pero la tierra se torna cada vez más estéril, los ríos se secan, los árboles se talan. Y los mismos gobiernos que reparten sacos de arroz o harina son los que alimentan sus industrias de armas gracias a los conflictos endémicos en ese continente, los que se benefician de esos conflictos o de las tiranías  que sostienen mientras expolian  a sus pueblos, insaciables de materias primas, antiguas o nuevas, como el coltan,  tan importante en los dispositivos electrónicos y cuya explotación ha contribuido a la Segunda guerra del Congo, con más de 5 millones de muertos; o la compra masiva de terrenos a precios irrisorios, la industria de los biocombustibles sin control, el aumento del precio de los cereales, base de la alimentación de tantos pueblos.

      Nos conmovemos ante las terribles imágenes que se nos ofrecen de todos esos niños moribundos, pero nos cabe la sospecha de si no estaremos siendo manipulados para distraernos, hacer que nos resignemos, incluso consolarnos contemplando cómo otros son mucho más desgraciados que nosotros y tranquilizar nuestras conciencias mediante una módica limosna. Por supuesto que apoyo a todas las organizaciones que luchan por aliviar ese sufrimiento, que admiro a todas esas personas que se entregan con tanta generosidad a ayudar a esas poblaciones y que pienso que debemos colaborar en la medida de nuestras posibilidades, solamente señalo que no basta con eso. Que mañana, o pasado, habrá otra hambruna, que la mancha de esta indignidad se extenderá si no nos rebelamos contra las causas que la provocan. Hoy lloran hombres y mujeres de nuestra tierra, se abrazan cuando se despiertan un día abandonados, despojados de su medio de vida: su trabajo. Esta semana es Spanair, y otros muchos nombres de empresas menos conocidas, pero la angustia y la desesperación de los hombres y mujeres son las mismas. “A nadie importamos” dice una mujer. ¿No remueven sus palabras las conciencias? Las de los poderosos, y las nuestras, las de todos los que estamos tentados de derrotismo o indiferencia.
      Es urgente un cambio global, porque las consecuencias del rumbo actual de la economía y la política serán también globales. No repetir los errores pasados, inventar un nuevo modelo. Una política y economía sostenible y equitativa, libre y solidaria. No esperemos a no tener agua en nuestros pozos, ni pan en nuestras casas, a no poder respirar el aire de nuestras ciudades, y a que nuestros semejantes tengan que vivir en los rincones de nuestras orgullosas ciudades.[1] La tecnología y la ciencia actual nos ofrecen medios impensables en un pasado no muy lejano, sólo hace falta una regeneración ética de las conciencias, de los pueblos y de sus líderes. Ahora, o será demasiado tarde para todos, también para los privilegiados que se creen a salvo en sus islas. No habrá islas. No lloremos por los niños africanos moribundos, emprendamos la lucha por un mundo mejor para todos, o no lo será para ninguno.
      En esta lucha, no estamos solos. Hay otros muchos hombres y mujeres que se unen aquí y allá. Yo hoy los he encontrado en Equo.


[1] La Obra Social de la Caixa ofrece pisos en alquiler a bajo precio y con ayudas. No estaría mal que todos los bancos hicieran algo semejante, incluso más: a los que pierden la propiedad del piso por impago de hipoteca, darles la opción preferente de un alquiler mínimo, complemento de la dación en pago...¿por qué no?