Es propio de la
mentalidad infantil el pensar que los adultos tienen todas las
respuestas y las soluciones a todos los problemas. El 15M ha supuesto el
fenómeno de madurez colectiva que ha sacado a la gente del estadio
infantil de delegar en los políticos la tarea de construir la sociedad.
Los hechos lo están demostrando: los que nos gobiernan no tienen todas
las respuestas ni la solución a todos los problemas, es más, dan la
impresión de que son sus propios problemas, o los de los que los manejan
a golpe de subvenciones y préstamos, los que realmente intentan
solucionar, caiga quien caiga.
La salida de la
crisis no podrá ser volver a vivir como antes, eso sería prolongar la
agonía, o el parto, si somos optimistas: el parto de algo nuevo. El
movimiento 15M, sin ser ni mucho menos perfecto sino un inicio de la
gestación de un nuevo orden, contiene elementos muy positivos: el
respeto por ser humano, por la gente, y creer en su capacidad, en su
potencialidad, la de todos. Esa es la auténtica riqueza: la que todos
llevamos dentro. En segundo lugar, el sentimiento colectivo, solidario:
cada uno puede, todos pueden, y juntos ¡qué no podremos! En tercer
lugar, el trastocar un orden perverso que hace del pueblo un instrumento
de dar con los votos el poder a unos gobernantes para los que esos
votos y ese poder ya no es un medio para servir al pueblo sino un fin en
sí, por el que son capaces de vender su alma al diablo (el poder
económico). Y por último, el ser un movimiento que pretende ser global y
no olvidar a todos esos seres humanos a los que nuestra crisis les
parecería una mejora increíble: los 2/3 de la humanidad que viven en
pobreza extrema.
Hay mucho camino por delante. Hay que aprender la lección. No hay que tener miedo, hay que inventar el futuro.
Imagen: periodismohumano.com
doloresvendrell.blogspot.com

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