domingo, 16 de febrero de 2014

CULTURA DEL CUIDADO VS CULTURA DEL PODER


El pasado fin de semana, los días 8 y 9 de febrero, tuve la suerte de participar en las jornadas de constitución de la RQM : Red Equo Mujeres.
Para empezar, quiero manifestar mi escaso conocimiento sobre feminismo y ecofeminismo y mi respeto por todas las mujeres que desde décadas llevan estudiando y luchando por los principios de estos movimientos. Como afilada desde hace unos años al partido EQUO, en el que la Equidad y la Ecología son pilares definitorios, no es la primera vez en que aprecio otra de las característica de dicho partido: el respeto por la diversidad. Por eso puedo felicitar a mis compañeras que han constituido, y no con poco esfuerzo, la RQM (como decía Itziar Aguirre, una de las coordinadoras, “no estamos para dividir, sino para sumar”) y al mismo tiempo puedo optar por permanecer fuera de la Red y trabajar en paralelo por alcanzar los objetivos de EQUO.
Pero no por quedar fuera de la red voy a dejar de señalar todo lo que he aprendido durante estas jornadas y cómo me han ayudado a mejor comprender mi lucha como afiliada a EQUO. Me he dado cuenta de que el ecofeminismo podría ser la raíz de un cambio que podría transcender al mismo movimiento al  oponer la cultura de la ética y el valor del cuidado a la cultura del poder.
La cultura del poder subordina a unos seres a otros: los “poderosos” dominan y se aprovechan de sus “súbditos”. La escala del dominio puede llegar hasta extremos de crueldad inimaginable. ¿Y quiénes componen este binomio poderoso- súbdito? Hay variantes, según épocas y culturas, pero siempre se sustentan en los mismos principios de dominio. Si el binomio “hombre/mujer” ha sido una constante, también lo ha sido el de “capital o riqueza/trabajo”, y por supuesto el de “ser humano/naturaleza”. Es la cultura imperante.
Frente a la cultura del poder estaría la cultura de la ética y el valor del cuidado. Afirmaba Alicia Puleo la importancia de la universalización de esta ética del cuidado, y fue muy interesante el debate que se entabló sobre esta cuestión durante el acto, y posteriormente entre algunas compañeras. Porque no se trataría exclusivamente del cuidado de niños, ancianos o enfermos, se extendería al cuidado y respeto de la naturaleza, y de la sociedad, desde el ámbito cercano y local, hasta el más amplio, universal. El cuidado, en definitiva, del bien común, y de todas y cada una de nosotras.
La situación actual es de una extrema gravedad, a nivel social (las desigualdades, la pobreza, la esclavitud encubierta de un porcentaje creciente de personas al servicio de otro porcentaje cada vez más reducido de “poderosos”) y a nivel medioambiental con una destrucción desenfrenada de la naturaleza. Por eso, sumar fuerzas es ya un imperativo. Como decía Fernando Prats, a quien tuve también la suerte de escuchar en otro acto de EQUO,”… es cuestión de vida o muerte. Sí o sí “.
El ecofeminismo podría ser un elemento fundamental en este cambio al trascenderse y luchar por terminar con la cultura del poder no sólo en el binomio hombre/mujer sino también en todos los demás que son víctimas de esta misma cultura.
Y todo esto empezando con pequeños gestos, como decía otra compañera que me recomendó la lectura de “Consumir menos, vivir mejor”. Vigilando las palabras, me comentaba esta misma compañera, que prefería la expresión “puesta en valor” que “empoderamiento”, que al fin y al cabo contiene en su raíz  "poder". Se trataría de poner en valor una serie de rasgos positivos como la empatía, o la previsión, o la ternura, entre otros muchos valores humanos.
Pienso que es difícil encontrar un camino que propicie un cambio más radical que esta nueva cultura. Y hay signos de que está empezando a germinar, signos cuyas consecuencias son mucho más trascendentales de lo que imaginamos. Por ejemplo, la horizontalidad, que desmonta la estructura del poder al poner al mismo nivel a las personas. Un partido político que opte por la horizontalidad (ojo, de verdad, no como puro maquillaje como están haciendo ahora muchos) un partido, o movimiento, o asociación de cualquier tipo, un grupo así, está comenzando a desmontar la cultura del poder e iniciando el camino hacia una cultura del cuidado de lo común, de todos y cada uno de los individuos.

Con mi agradecimiento a todas las compañeras que vinieron de lejos, y a nuestras dos compañeras equoalcorconeras que con tanto entusiasmo y dedicación hicieron posible estas jornadas. Y a las magníficas ponentes que nos trasmitieron sus conocimientos; a las compañeras y también compañeros que vinieron desde Madrid. Al ateneo popular y a las ateneitas que nos acompañaron. Y cómo olvidar a las dos personas que nos calentaron a mitad de una fría mañana de domingo con un delicioso chocolate con churros.


sé EQUOlogico