jueves, 26 de enero de 2012

Reflexión sobre la confianza en un partido horizontal


El concepto de “confianza” (su necesidad, su quiebra, su restablecimiento, etc.) suele volver bastante a menudo dentro de Equo, que sea en órganos electos o en la propia Equomunidad Virtual. Es normal: la confianza es una condición necesaria —pero no única— para el funcionamiento de la gran mayoría de las instituciones sociales que los seres humanos edificamos, que sea la moneda, el Estado, el mercado o la democracia.
En el caso de la democracia representativa, donde delegamos en personas e instituciones concretas parte de nuestra soberanía y poder de decisión, la confianza es central e imprescindible. Hasta tal punto que solemos decir que hemos “depositado nuestra confianza” en las personas electas. En este sistema, existe también –en teoría– un principio de rendición de cuentas, principalmente a final del mandato (“cuando nos llaman a las urnas”), que permite comprobar y evaluar si las realizaciones del mandato han estado a la altura de la confianza depositada años antes. Según si el o la mandatario/a reciba la aprobación mayoritaria o no, se dice que “se le renovará” o “se le retirará la confianza”.
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Por otro lado, en muchas organizaciones humanas, principalmente las de corte vertical, jerarquizadas y/o donde el culto al líder es pregnante, una vez depositada la confianza, difícilmente se le puede retirar o poner en duda y la confianza se convierte en casi ciega: incluso puede llegar a ser un acto de fe no negociable donde la confianza es más bien creencia (véase por ejemplo la “infalibilidad pontificia”). En este caso, la lealtad, es decir el cumplimiento de las “leyes de la fidelidad” con un fuerte carácter dominante-dominado, toma el paso a la confianza y a cualquier posibilidad de crítica y autocrítica constructiva.
Al revés, estructuras horizontales, como las asociadas a la cultura y software libres, funcionan bajo el criterio de la “confianza cooperativa” donde cada una de las neuronas de la red “deposita” su confianza en cada una de las otras neuronas de esta red, y confía en su plena capacidad de creación e iniciativa, que a su vez nutre la potente inteligencia colectiva que emana de –y supera– la suma de estas individualidades.
Para Equo, entendido como cooperativa política, ¿qué papel tendría que tener por tanto la confianza? Plantearía tres características interrelacionadas y complementarias que, juntas, sintetizarían el concepto de “confianza global” adaptada a un partido-red del siglo XXI:

  1. Una continuidad del concepto de “depósito de confianza” presente en la democracia representativa: las personas electas para responsabilidades internas o externas necesitan una confianza mínima para poder trabajar y ejercer su mandato (lo que solemos llamar el “margen de confianza”).
  2. A diferencia de la democracia representativa tradicional y la rendición formal de cuentas a finales de mandato, la confianza se tiene que ganar en el día a día en base a las realizaciones concretas, al talante individual y a la capacidad de empoderar al resto del colectivo. Es decir, se trata de una confianza siempre renovada, dentro de un marco democrático,  transparente y de respeto, y donde la crítica y la autocrítica juegan un papel fundamental para la mejora continua.
  3. Por último, y quizás sea la característica más original para un partido horizontal, no solo se trata de una confianza undireccional desde las personas afilidas hacia las personas (y órganos) electas sino también de una confianza multidireccional (de tod@s a tod@s) y cooperativa que tanto las personas (y órganos) electas como cada un@ de las personas asociadas “depositamos” en cada un@ de las otras personas asociadas. De esta manera, damos un margen de confianza a la inteligencia colectiva que emana de la conexión de nuestras energías y reflexiones.
Todos mis ánimos para que en Equo hagamos de estas tres características un motor de nuestro desarrollo: depende de nosotr@s.