domingo, 4 de agosto de 2013

Rajoy nos abronca, pero Bárcenas es suyo




Un Rajoy cargado de excusas ha pasado hoy por el Parlamento eludiendo entrar en profundidad en la grave cuestión que le llevó allí: la trama de financiación ilegal y sobresueldos en el Partido Popular. Efectivamente Rajoy no ha ido por voluntad propia: sus silencios eran ya tan insostenibles, que se ha visto obligado a comparecer para tratar de poner freno al deterioro de credibilidad que sufre él, y de paso su partido.
Ha mencionado a Bárcenas, pero sólo para reconocer que se equivocó al confiar en él. Pero no ha entrado a explicar la contabilidad en B del PP, ni los papeles, ni la realidad nunca desmentida con rotundidad de los cobros y los sobresueldos. Rajoy ha sido en los 20 años de Bárcenas alto dirigente del PP, y en los últimos años su máximo dirigente. No basta, por tanto, con un simple "me equivoqué" para eludir la responsabilidad política por la financiación ilegal de su partido durante más de veinte años. Digámoslo claro: Rajoy no es una víctima. Rajoy ascendió y promovió a Bárcenas, y aunque sólo fuera por ello tiene una grave responsabilidad política.
Tras esa breve y mínima entonación del mea culpa pronunciado en voz baja, Rajoy ha pasado a una ofensiva en la que no se ha librado nadie: todo, sostiene Rajoy, ha sido una conspiración contra él y el PP urdida por todos y cada uno de los que denunciamos de una u otra manera la trama corrupta que hemos conocido. Rajoy se ha lanzado a un ataque tan injustificado como extenso, pasando a la estrategia de que la mejor defensa es un buen ataque. Ha habido momentos en los que no se sabía si hablaba de España, del Gobierno o de él mismo, en una confusión real o fictícia, pero con la que trataba indudablemente de parapetarse detrás de su país para eludir sus responsabilidades.
La pasada semana, un estudio de la Universidad de Las Palmas cuantificaba en 40.000 millones de euros al año el coste para España de la corrupción. Esta cifra nos da una idea del impacto real para nuestra economía de la lacra de la corrupción. El problema de España no es que se hable en los medios internacionales del caso Bárcenas, sino que éste exista, y que esté minando gravemente la confianza ciudadana en la política.
La grave situación que vive la política española no se resuelve ahora con la tradición bipartidista de discutir si el debate lo ganó Rajoy o Rubalcaba. Lo cierto es que la trama de financiación ilegal no ha quedado desmentida, ni siquiera explicada. Más bien al contrario, todo apunta a confirmar que efectivamente esa trama de financiación y sobresueldos es cierta, y Rajoy la consintió ("me equivoqué"), por tanto de ella deben derivarse responsabilidades políticas claras y contundentes.
Desde mi punto de vista, lo cierto es que hoy Rajoy ha reconocido que él cometió, como mínimo, un grave error político. Rajoy amparó y consintió la trama de financiación ilegal del partido del Gobierno. En consecuencia, no quedan atajos, ni excusas, Rajoy debe dimitir.
 

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