miércoles, 11 de diciembre de 2013

Hay hombres y mujeres que justifican la existencia del ser humano, a pesar de todo. Hombres y mujeres cuya trayectoria vital ilumina a los que aún estamos de camino. Sonrisas de ancianos que sólo un corazón integro puede hacer florecer. Vivió y murió un hombre bueno y auténtico que transmitía paz y alegría, un guía y un ejemplo de honestidad Así ha sido la vida de Mandela. Nos mostró la verdadera fuerza, la que nos hace crecer y vivir, resistir y vencer sin violencia , con el coraje obstinado del que no teme porque cuenta con la fuerza de la razón y la palabra. Tanto tiempo encarcelado sin que el rencor encadenase su corazón, y así nos enseñó que nos pueden encarcelar, nos pueden matar (todos moriremos)pero algunos pasarán como hombres de paz y su ejemplo siempre fortalecerá nuestras conciencias. Siento vergüenza al oír alabanzas a Mandela en boca de aquellos que debieran sonrojarse ante su recuerdo, aquellos que lo alaban pero al mismo tiempo intentan acallar a los que como Mandela siguen luchando por un mundo más justo, en el que ningún ser humano esté por encima de otros. Gracias, Madiba, por el regalo de tu existencia.
 
Los líderes mundiales se están deshaciendo en elogios a este hombre, un hombre que ha ejercido la política como un servicio a su pueblo. Todos intentan destacar los aspectos de su vida en los que pudieran encontrar justificación a su propia actuación, cuando en realidad muchísimos aspectos de la vida de Mandela son más bien un reproche para tantos comportamientos de líderes políticos.
Creo que la dimensión humana de Mandela es difícilmente igualable, pero que debe ser un referente para todos los que desean participar en política, convencidos de que el ejercicio de la política no es sólo el refugio de aprovechados que buscan su propio interés sino también el espacio donde las personas comprometidas por el bien común pueden hacer realidad sus sueños.