martes, 31 de diciembre de 2013

“Si el espacio ciudadano se traduce en bloque político, la transformación es imparable”

“Si el espacio ciudadano se traduce en bloque político, la transformación es imparable”

Reyes Montiel, coportavoz de Equo. FERNANDO SÁNCHEZ

Reyes Montiel (1970) fue en otro tiempo, durante siete años, diputada de la Asamblea de Madrid por Izquierda Unida, hasta que en 2010 abandonó la formación para integrarse en Equo. En estos momentos, aspira a ser elegida como candidata para las elecciones europeas por el partido ecologista en un proceso de primarias pionero en España, en el que hasta los ciudadanos pueden participar.
¿Qué espera Equo de las próximas elecciones europeas?
Nuestra máxima aspiración es que por primera vez el espacio verde europeo tenga representantes en el sur de Europa para trabajar en una unión que sea más democrática, más sostenible y más social. Para nosotros Europa es fundamental para cambiar el rumbo de las políticas y para que tengamos un proyecto de unión que realmente sea inclusivo. Para eso es clave que los ciudadanos del sur entiendan que las elecciones europeas son muy importantes y que nos jugamos el futuro. No solamente como país, ya que las instituciones europeas nos marcan las políticas. Nos hemos dado cuenta con el rescate de la banca, nos estamos dando cuenta de cuánto influye Europa en nuestra vida diaria. Pero también desde el punto de vista de a dónde queremos que vaya Europa y cómo queremos que sea el proyecto europeo.
¿Cree que se puede luchar contra los gigantes europeos siendo un partido tan modesto?
Bueno, es modesto aquí, pero es el cuarto grupo en el Parlamento Europeo. Nosotros pensamos que también es una manera de empezar a cambiar la situación. Tenemos que cambiar los contrapesos que hay en Europa y no hay ningún frente que nos sea ajeno. Vamos a pelear por los ciudadanos a nivel local, a nivel nacional y a nivel europeo.
¿Qué perspectivas tienen? ¿A cuántos diputados aspira Equo?
No lo sabemos. Nosotros de entrada no nos vamos a limitar (ríe). Lo vamos a dar todo para estar presentes y con cuantos más eurodiputados, mejor. El límite lo pondrán los ciudadanos.
En estos momentos, Equo está inmerso en un proceso de primarias totalmente participativo, en el que pueden participar también los ciudadanos. ¿Qué opinan de otras primarias como las del PSOE?
Nosotros, si tenemos una característica, es que si decimos algo lo hacemos. Nos hemos empeñado en hacer unas primarias de verdad, con toda la lista, donde se puedan presentar militantes, afiliados, simpatizantes e incluso ciudadanos que quieran venir a empujar con nosotros por otra Europa, donde los electores tengan un papel sobre quién cree que les va a representar mejor en Europa. Partimos de la reflexión de que tenemos que tener una organización abierta, no con muros sino con cortinas, donde entre el aire y las opiniones ajenas. Se han acabado los tiempos de los órganos de dirección. En este sentido, si la reflexión de los otros partidos va por el mismo sitio, nosotros lo celebraremos, porque además pensamos que esto es un camino imparable. Es decir, que se pueden resistir más o menos, limitarlas, pero al final la tendencia será hacia que, en un futuro, todos los partidos hagan primarias y abran sus sedes. Si van en ese camino, que es imparable, nosotros les felicitamos. Nosotros, nunca nos hemos equivocado preguntando a la gente. A la democracia no hay que tenerle miedo.
Izquierda Unida es hoy el gran referente político a la izquierda del PSOE. ¿En qué se diferencia de Equo?
Primero, en la apertura. En como intentamos reflexionar sobre cómo representar mejor a los ciudadanos. En eso yo creo que tenemos un espacio de innovación política más amplio que Izquierda Unida. Nosotros tenemos desde un punto de vista político una alternativa integral en el respeto al medio ambiente o la economía sostenible. No es algo que añadamos a una lista de cosas, sino que para nosotros el enfoque social y ambiental lo tenemos integrado. No tenemos que elegir si somos rojos, verdes o violetas. Somos todo un poco. Y luego nosotros creemos que somos más valientes a la hora de enfrentarnos a por qué los ciudadanos llevan años gritando “que no nos representan”.
¿Y en qué coinciden con IU?
En la defensa de los derechos de las personas. Es decir, no hay un desarrollo ni un modelo que sea sostenible si no nos incluimos todos y si no garantizamos los derechos. Otra cosa es -y ahí hay otra gran diferencia- el cómo lo garantizamos, desde qué políticas o enfoques organizamos esos derechos. Nosotros, por ejemplo, entendemos lo público como lo colectivo, no tanto como lo estatal. Se está reflexionando mucho ahora sobre lo común, la gestión de los comunes. Una de las reflexiones que teníamos era que parece que tenemos que elegir entre las soluciones del mercado o las soluciones del Estado. Creo que hay un ámbito ciudadano, que se está viendo en muchos movimientos como la economía del bien común, la economía solidaria, la banca ética o incluso los que están planteando la defensa de las renovables como un punto de soberanía energética ciudadana para no depender del oligopolio eléctrico. Eso no necesita ser estatal y creo que hay una responsabilidad ciudadana ahí. Es gente que no está esperando a que los suyos ganen las elecciones para hacer cosas y están cambiando cosas. En ese sentido yo sí creo que los ciudadanos tenemos una responsabilidad y que estamos a cuatro o cinco decisiones de cambiar las cosas si nos ponemos. Sobre nuestro papel como ciudadanos, como consumidores, como electores… Si tomamos cuatro decisiones clave, mucha gente, cambiaremos muchas cosas y eso es la democracia. Igual tanto no tenemos que estar dependiendo de si luego hay normativas, que si luego el sector público lo fomenta irá todo fenomenal. Pero esa es la clave de que no haya retrocesos, el que la gente lo haga suyo.
¿Falta resistencia ciudadana?
Tuvimos una primera legislatura de Zapatero en la que hubo un avance en derechos sociales y civiles. El PP lo ha desmantelado todo y no ha pasado nada. Hay protestas y movilización, pero no debería ser posible que un Gobierno pudiera recortar impunemente. Yo creo que la clave del problema es que son cambios que vienen desde arriba, no desde la gente. Entonces habrá un espacio ciudadano de inteligencia colectiva que será el motor del cambio y quien resista realmente los recortes y los retrocesos.
Pero luego, cuando hay autoorganización sin apoyo público, como en el caso del autoabastecimiento con placas solares, el Gobierno puede poner un canon.
Claro, pero cuando el espacio ciudadano tenga su traducción en bloque político, la transformación será imparable. Lo que yo creo que ha cambiado en la política es el delegar. Yo soy el político, delega en mí tu voluntad, que yo ya actúo. Creo que eso está cambiando, en el mismo sentido incuso que las primarias de las que reflexionábamos antes. Va a haber una especie de legitimidad que no se va a ganar cada cuatro años, sino que se va a renovar cada día. Con la rendición de cuentas, con la transparencia, con la democracia directa, el ciudadano va a tener más papel y más control sobre el Gobierno.
¿Se podría decir que los verdes son los nuevos rojos?
Yo creo que eso tiene que ver mucho con el posicionamiento personal. Una de las cosas que ocurre es que la gente no se posiciona tanto ideológicamente como políticamente. Es decir, a la gente le importa más lo que hacemos que cómo decimos que somos. Yo personalmente soy de izquierdas y quiero que la izquierda sea en este país de otra manera. Pero lo interesante de Equo es que es una plataforma política que lucha por transformar el modelo económico, social y ambiental. Y ahí, todo el que se quiera apuntar a esos objetivos, es bienvenido. Siempre decimos que no importa de dónde vienes, sino a dónde vamos. A mí ya me parece un espacio de innovación y transformación donde, independientemente de cómo te sientes en el espectro ideológico, trabajas por tener una economía compatible con el medio ambiente, que respete los derechos sociales, que sea justa socialmente y que además sea un modelo diferente. A mí todo esto ya me parece revolucionario. Y como persona de izquierdas me siento super cómoda en ese espacio. A nivel colectivo, a mí lo que me interesa es el compromiso con lo que decimos que vamos a hacer.
¿Hoy en día las etiquetas son más un obstáculo que un aglutinante?
Son un obstáculo, claro, y sobre todo porque ya hay historia. Y hay gente que, siendo progresista y buscando el cambio social y económico, igual lo de la izquierda no la define completamente. Entonces, bueno, tampoco hay que perderse en esas etiquetas. Nosotros vamos a hablar de lo que vamos a hacer. Y luego independientemente del posicionamiento ideológico de cada uno, aquí vamos a trabajar por que cambien las cosas y en Europa vamos a trabajar también para que cambien y respondan a los intereses de la gente, que no son los de las grandes corporaciones, de la Troika y los grandes poderes económicos. Esos nunca van a ser aliados de los ciudadanos.
¿Cuáles son los principales problemas que hay en la UE?
El enemigo a batir es un proyecto de unión en el que han primado los intereses de determinados poderes económicos. A eso obedece la dictadura de la Troika, que ha pasado porque Gobiernos elegidos democráticamente, sobre todo en el sur de Europa, los ha laminado. Ha pasado por encima de la democracia. Y ahí hay una batalla, una pelea porque las políticas europeas no sean el resultado de la suma de intereses de Gobiernos nacionales, sino que realmente haya un proyecto constituyente donde haya una unión política más federal entre todos los ciudadanos. Luego, hay que cambiar las decisiones económicas que se están tomando. No se puede, en aras de la ortodoxia económica y de los intereses que no son los de los ciudadanos, ahogar a una parte de Europa, a la que se está expulsando de un proyecto europeo. Ha sido el proyecto de muchos países, de ahí el interés por entrar, porque no solamente se compartía un espacio económico, sino que se compartían unos valores. Esos recortes no pueden dar lugar a retrocesos políticos, en temas democráticos, de inmigración, con figuras como el populismo o el fascismo que está creciendo en Europa. Esto lo está fomentando quien gobierna actualmente en la UE. No podemos repetir la historia. Ya tenemos experiencia suficiente en Europa de cómo es el fascismo y qué supone para la vida y la libertad de la gente.
¿Creen que la UE se puede cambiar desde dentro, que es democrática en este sentido?
Sí, desde donde no se puede cambiar es desde fuera. No hay soluciones locales a problemas globales, y no podemos renunciar a tener un proyecto europeo que sea inclusivo, con unos valores compartidos y con una hegemonía en determinados temas que no podemos perder. En el modelo social europeo, en cómo se ha tendido a los derechos ciudadanos, al Estado del bienestar. Eso no lo podemos tirar por la borda sólo porque los poderes económicos hayan decidido que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. No eran posibilidades, eran derechos. Y lo que tenían que haber garantizado desde las instituciones europeas es que estos derechos fueran económicamente sostenibles. Era su obligación, no la de los ciudadanos.
¿No habría que salirse de la UE, como defiende parte de la izquierda?
No hay que salir, lo que hay es que cambiarla. También hay que mirar por dónde se construye la salida a la crisis entre todos, en lugar de cómo se castiga a los que no han sido buenos, dentro de la ortodoxia económica.
¿Y en cuanto al euro?
Hay que reformar las instituciones financieras de la UE para que se pueda tener una política económica europea. Y lo que han llamado deudas soberanas -aunque fundamentalmente están hablando del rescate de bancos privados-. Se necesitan herramientas políticas para no estar presos de la prima de riesgo ni de los embates que puedan surgir de manera externa.
¿Qué opinan del artículo 135 de la Constitución?
Estamos completamente en contra. Nos movilizamos precisamente porque además era el cambio menos necesario en la Constitución. Nosotros también en España pedimos un proceso constituyente, donde se discuta y reforme la Constitución, porque ya no responde ni a la sociedad ni a los anhelos de la gente en el Estado español. Pero desde luego, lo último que se nos hubiera ocurrido es limitar el techo de déficit. Es una gran hipocresía de los dos grandes partidos el haberse resistido como gato panza arriba a cualquier cambio constitucional -porque era súper rígida, muy difícil de cambiar-, y en quince días reunirse para limitar los derechos de los ciudadanos. Yo creo que ahí el PSOE no será consciente nunca de la gran decepción e irresponsabilidad que cometió tomando ese acuerdo.