miércoles, 29 de enero de 2014

El miedo a las primarias

El miedo a las primarias

<em>El miedo a las primarias</em>
22 de enero de 2014
06:00
En las últimas semanas una palabra parece haber tomado protagonismo político: Primarias. Y esto ha desatado las alertas y han puesto en guardia a las cúpulas de los partidos y sus guardianes del orden.
Por eso, cuando hablamos de Primarias rápidamente aparece el “sí, pero…” Sí, pero: no son la panacea, son un invento americano, hay que poner límites, no todo vale, solo para algunas responsabilidades, son un producto de la democracia liberal, etc.
Es entonces cuando una se da cuenta de lo que cuesta tomar riesgos cuando más se necesita. La configuración actual de los partidos políticos no convence a nadie, ni siquiera a los propios afiliados. Sin embargo, cuando hay que apostar por el cambio e intentar superar la crisis de representatividad y legitimidad existente, vienen los peros, y todos los miedos y prejuicios. El inmovilismo triunfa.
Y en este tema, el de las Primarias, se ve muy claro. Hay organizaciones, como el PP, para las que no existen. Pero, ¿el resto? De una manera u otra todos dejan claro su desconfianza en la participación y ponen rápidamente el freno de mano. Veamos:
El PSOE ha anunciado unas Primarias para las próximas generales olvidándose así de la cita europea. En ellas, los candidatos tendrán que recoger entre el 5% y el 10% de avales y quienes quieran participar tendrán que pagar 2 euros. Más allá del tema económico y que este peaje no anime a la participación, la petición de avales de afiliados puede suponer una nueva decepción para la ciudadanía, que percibe este proceso como poco auténtico, tal y como ocurrió con las “primarias” andaluzas, en las que solo pudo presentarse una candidata, Susana Díaz, la oficial.
Por su parte, en UPyD también se ponen muchas limitaciones. Así, los candidatos son solo del partido y deben tener dos años de antigüedad (algo curioso en un partido nuevo) o ser propuestos por el órgano competente. Además, solo se elige el cabeza de lista. El resto de la candidatura se hace por el método antiguo, es decir, en un despacho a puerta cerrada.
Por su parte, Izquierda Unida no lo acaba de tener claro y parece que apostará por un método que nada tiene que ver con Primarias, en el que las federaciones territoriales propondrán a los distintos candidatos. Es además especialmente llamativa la ofensiva que parece llevar a cabo en las últimas semanas contra este sistema, tanto por parte de la dirección oficial como por elementos en principio más renovadores, como Alberto Garzón, que de forma sorprendente, parecen defender el sistema “tradicional”.
En EQUO, nuestras primarias son abiertas. Esto, ¿qué quiere decir? Que cualquier persona se puede presentarse como candidato y que cualquier persona puede votar, participar en la confección de toda la lista. ¿Puede eso pervertir los objetivos de nuestro proyecto? Nosotros creemos que no. Y los procesos que hemos llevado a cabo hasta ahora (incluido nuestro Congreso Transparente, la primera iniciativa de democracia directa del Congreso de los Diputados) nos da la razón.
En nuestras primarias se han inscrito de hecho cuatro personas que no eran ni afiliados ni simpatizantes. Personas activas socialmente y que vienen a sumar al proyecto, no a pervertirlo. Porque además, EQUO no es un espacio cerrado, un coto privado al margen de lo que pasa en la calle y en el que solo pueden entrar sus afiliados. Es un espacio abierto, también cuando confeccionamos nuestra lista.
Habrá quien piense que todavía somos demasiado pequeños y que por eso podemos permitirnos estas cosas. No lo creo. EQUO ha emprendido un camino y las Primarias son parte del mismo. Seguro que mejorable y cambiante, pero las decisiones a puerta cerrada, pactos entre corrientes y familias o acuerdos entre barones (la mayoría varones, por cierto) no tienen cabida en nuestra organización. Porque no olvidemos que los que tantos peros ponen a las primarias están defendiendo eso: un sistema opaco que no representa, no ya a la ciudadanía, sino ni siquiera a la militancia.
Se trata de construir las organizaciones del siglo XXI, espacios que trabajan en abierto y con la participación de cualquiera que se sienta concernido en la acción, en la causa concreta. Organizaciones en las que nos unen los objetivos políticos, organizaciones en las que importe dónde vamos y no de dónde venimos. Y no es solo una cuestión de democracia interna de los partidos. Esto no es una democracia de militantes. La cuestión es que no se puede representar a quien se teme, a quien no se entiende. No se puede hablar por quien se desconfía porque no hay que hablar por nadie. Ya no valen los despotismos ilustrados. Es mejor escuchar. En política, no puede ni debe haber “zonas de confort”. Es el momento de que las cosas cambien. Sin miedo.
*Reyes Montiel es candidata en las Primarias Abiertas de EQUO

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