jueves, 30 de octubre de 2014

¿CUÁNDO IMPEDIREMOS EL RIDÍCULO PARA ESPAÑA?


Lo crean algunos, o no, nos encontramos en el siglo XXI hace ya catorce años.

Seguro estoy de que los españoles nos hemos ganado a pulso y de una vez, contar con un moderno y laico país (méritos y sangre suficiente, a costa de abominables príncipes eclesiales no nos faltan).

En estos días vengo refrescando y contrastando con una meritoria reciente publicación de Julián Casanova ("La Iglesia de Franco") la absolutamente directa intervención, nefasta y criminal, de múltiples altos representantes de tan poderosa secta religiosa, listada y documentada desde el inicio de nuestra incivil guerra y mantenida hasta muy tardíos años del régimen autocrático impuesto por los rebeldes vencedores nacional-catolicistas.

Aunque la auténtica originaria Inquisición religiosa fuera francesa -para combatir a los cátaros, o albigenses- (Inquisición medieval, Languedoc francés, 1.184), fue seguidamente remedada por la Corona de Aragón, primera Inquisición estatal (1.249) y en la Edad Moderna, con la unión de Aragón con Castilla, se extendió a ésta con el nombre de Inquisición Española (1478-1.821), bajo control directo de la monarquía hispánica, ampliándose muy rápidamente su ámbito de acción a nuestras Indias occidentales; también el Protestantismo importó este tipo de instituciones, en ambos casos con el "loable" propósito de erradicar las respectivas herejías "tan peligrosas para estos poderosos Estados.

La primera estadística oficial conque contamos en España respecto a nuestra analfabetización nacional data de 1.841: 75.8%; pero quiero refrescar, a quien lo haya olvidado, que por fortuna,se acabó con esta lacra hace ya 40 años.

También existieron en nuestra querida tierra las célebre rogativas religiosas (oraciones públicas), de igual manera importadas. Atribuidas en sus inicios a San Mamerto, obispo de Viena, que en 474 exhortó a sus fieles a hacer oraciones (procesiones), obras de penitencia durante tres días, a fin de aplacar la justicia divina. Seguidamente se introdujo en las iglesias de Francia (año 511 -Concilio de Orleans), pasando a España a principios del siglo VII.

Pero la Ilustración europea, explosión cultural e intelectual histórica desarrollada desde fines del siglo XVII, hasta el inicio de la Revolución francesa, disipó las tinieblas de la humanidad mediante las luces de la razón (Siglo de las Luces).

Los pensadores de la Ilustración sostuvieron que la razón humana combatiría la ignorancia, la superstición y la tiranía para construir un mundo mejor.

Los españoles tuvimos el infortunio de contar con muy obtusos reyezuelos que vinieron a impedir la necesaria completa permeabilización de tal Neoclasicismo reformista y modernizador en nuestro suelo.

...Y de aquellas lluvias, estos lodos:

La recalcitrante y obsesiva resistencia de nuestros dirigentes -¿residuos nacional-catolicistas?- a aceptar el laicismo constitucional en España (recordemos que solo se reconoce su aconfesionalidad), la incomprensible vigencia del Concordato con la Santa Sede, y la pertenencia católica, vivamente practicante y excluyente de la mayoría de nuestros máximos dirigentes, a veces nos arrastran al imperdonable bochorno, cuando no al mayor de los ridículos.

Recientemente "The Wall Street Journal" ha venido a carcajearse a mandíbula batiente, y con razón, de la concesión de la medalla al mérito policial español a la Virgen del Amor, en inevitable mofa informativa ("La Virgen gana una medalla y provoca un pleito").

Como hemos sabido, un movimiento laico ha logrado llevar a los tribunales tan polémica decisión, para lo que suponemos en breve, la Justicia española se pronunciará sobre la legalidad de tan esperpéntica decisión de nuestro "muy fervoroso católico" ministro del Interior.

La autora de tal artículo, Olivia Crellin, no pudo evitar su sorna al arrancar su reportaje: "La última agraciada con la medalla de Oro al Mérito Policial en España, nunca salió a patrullar ni hizo arresto. De verdad, jamás se estremeció al enfrentarse cara a cara con el peligro. Pero todo ello porque no puede moverse".

De verdad, ¿cuándo modernizaremos nuestro Estado, cuándo dejaremos de hacer el ridículo?.


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