martes, 24 de enero de 2012

ESTÁN MUY PREOCUPADOS POR EL PARO…

Eso dicen los dirigentes europeos, y quisiera creerlos. Y que tienen un plan, o dos, o tres (no sé cuántos van) para reducir el paro. Los que sí están preocupados, y de eso no me cabe la menor duda, son los parados, todos esos miles de hombres y mujeres de semblante angustiado y caminar cabizbajo. Se puede leer lo que sienten aún sin oír sus palabras con sólo mirar la expresión de sus ojos. Y no pueden más, no pueden esperar a que se solucione todo ese entramado que no acaban de entender: que si la prima de riesgo, que si la deuda, los bonos, el fondo monetario, las bolsas que suben y bajan como las montañas rusas. Mareo, vértigo, nauseas. Rabia. Tristeza, desesperación.
La solución no está sólo en una serie de reformas encaminadas a crear más puestos de trabajo, sino también en repartir el que hay. Trabajo a tiempo parcial, teletrabajo, racionalización de los horarios laborales, conciliación de la vida personal y laboral, reducción de jornada, 35 horas semanales[1].
Ante esta segunda vía muchos en nuestro país se escandalizan, enzarzados como están en señalar con el dedo, como si de un crimen execrable se tratase, a los que sólo trabajan 35 horas, los famosos y denostados funcionarios que se han convertido en el chivo expiatorio en todo este tinglado y en un buen método de despiste. Así cada vez son más los trabajadores dispuestos a aceptar trabajar más horas con tal de no perder su puesto de trabajo. Incluso alguno puede ser llevado a pensar que no va a ser él como esos vagos que trabajan sólo 35, o como los profesores que trabajan sólo 20 (eso se dijo aunque luego se precisó que eran más, pero no quedó claro…ni nadie desde fuera puede ni remotamente imaginarse lo que supone cada una de esas 20 horas de clase, al fin y al cabo el tiempo es relativo, si no que prueben sólo una semana esas famosas 20 horas con adolescentes) Y entretanto engorda la cifra del paro, pero no hay que preocuparse, que es sólo por algún tiempo, dos años más o menos. Dos años más de recesión para la economía española es lo que la Señora Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional, señala. Pero resulta que los parados no pueden esperar, que miles de nuestros jóvenes, los mejor preparados, emigran a Alemania, o Argentina, o Méjico (¡ironías del destino, cuando hace poco más de uno giraba la cara con desprecio ante los que venían a quitarnos el trabajo!) No pueden esperar los que saben que mañana serán desahuciados porque no pueden pagar la hipoteca, los que pasan a engrosar las colas de los comedores asistenciales, o las de Cáritas para poder comer o vestirse.
Se oye la propuesta (aunque tímidamente enunciada) en boca de los pesos pesados de la política europea, Angela Merkel o Nicolas Sarkozy (con su famoso plan de choque el miércoles 18 de este mes) cuando abogan por el contrato a tiempo parcial, o la reducción de jornada como alternativa a la destrucción de empleo en algunos casos. Pero hay que tener cuidado con la letra pequeña, sobre quién va a soportar los costes de esta reducción. Porque en todo este terremoto económico, alguien se está librando de sufrirlo y por el contrario se está enriqueciendo, como demuestra el crecimiento de la industria del lujo. Hay que desenmascarar previamente el fraude, la corrupción, la economía sumergida, la evasión de capital a paraísos fiscales (¡cuántas cuentas habrán engordando en la anterior época del pelotazo y aún en esta crisis!)
Entre tanto, una solapada trasformación va teniendo lugar entre la gente. El rumor ahogado de los talleres clandestinos donde los trabajadores chinos trabajan en condiciones de esclavos se va  propagando y se empieza a oír también en fábricas y talleres nacionales. Llegan relatos de trabajadores chinos esclavizados en su país en fábricas insalubres con apenas dos tardes de descanso al mes, jornadas interminables y salarios mínimos, mientras los nuevos millonarios despuntan aquí y allá. Triste globalización, triste contagio. Exportamos sed consumista (las bicicletas se abandonan y el aire de Pekín se hace irrespirable). Importamos las condiciones de trabajo de los esclavos.
Este no es el camino. La dignidad de los hombres y mujeres debe de estar por encima de la economía. Y ya no se puede esperar: recuperar de modo solidario y equitativo esta dignidad es prioritario.





[1] Ver: Programa electoral EQUO, elecciones 2011. Propuestas electorales, Capítulo I, punto 10