viernes, 16 de agosto de 2013

YO DE POLÍTICA NO QUIERO SABER NADA

Durante décadas lo hemos oído, durante la larga etapa de la dictadura. Esa es una de las claves de cualquier dictadura, la inhibición del pueblo, la cesión de su capacidad de decidir en manos del dictador. Hay ciertos hábitos mentales difíciles de cambiar. Con la democracia la gente recupera su voz, su voto. Pero esto no lo es todo, queda aún un largo camino. En este camino los ciudadanos tropiezan con más de un escollo. Hoy es el asqueo, la decepción, ante los escándalos de corrupción. Son todos iguales, oímos. Y de nuevo la misma dejación: no quiero saber nada de política. Pero esa no es la respuesta. La respuesta es que el interés de todos es el interés de cada uno, y que cada uno debe velar por el interés de todos. Eso es política: ocuparse, interesarse por la “polis”, por la ciudad; por el bien común. Y eso se traduce en la participación responsable en política. He oído estos días una conversación en un bar, ya sabéis, donde se arregla el mundo: “Mi abuelo me lo decía siendo yo un chiquillo: voy a Castellón a ver a quién engaño. Y hoy yo digo: Voy a Castellón, a ver si no me engañan” El asqueo ante el engaño, pero de alguien a quien se le ha enseñado a engañar y a no dejarse engañar, alguien educado en la desconfianza y las trampas. Y esa es la mentalidad por desgracia de muchos ciudadanos. Ante esto ¿quién puede decir que una educación para la ciudadanía no es necesaria? Es necesaria, es urgente, es fundamental. Educar para la participación, para la responsabilidad ciudadana, para la honestidad y la confianza, para la veracidad y la cooperación, para el esfuerzo por el bien común. Educar para la política, en definitiva. Porque todos los ciudadanos, desde la infancia, deberían asumir que cada uno, cada una, somos libres y responsables en una sociedad libre y equitativa. Que de un modo u otro, todas y todos debemos ser políticos.